Los equipos de producto suelen tratar el texto como un acabado, algo que se ajusta cuando la funcionalidad ya está lista. En la investigación veo lo contrario: si la persona no reconoce la palabra, no reconoce la funcionalidad.

“Match” no es “conectar”

Gameram es una app social en la que gamers encuentran con quién jugar, disponible en las Américas. Hice investigación en inglés, portugués y español, y con los usuarios de América Latina el lenguaje del producto necesitaba ajustes. Adaptamos el texto para la región: “match” pasó a ser “conectar”.

La adaptación del lenguaje contribuyó a un aumento del 20% en la conversión en América Latina.

Una traducción puede ser correcta y aun así no ser la palabra que la gente usaría. Esa diferencia casi nunca aparece en una revisión de textos. Aparece cuando se conversa con quienes usan el producto, en su propio idioma.

Terminología que no coincidía

En Materialize lideré la investigación para llevar cursos presenciales al formato online en cuatro meses. Uno de los hallazgos fueron desajustes de terminología. Corregirlos aumentó las inscripciones de forma significativa.

Otra vez, no hubo que construir nada nuevo. Lo que ya existía empezó a encontrarse y entenderse.

Lo que me llevo

  • Probar las palabras con quienes van a usar el producto. Traducir y localizar son etapas distintas, y solo la segunda pasa por personas reales.
  • Tratar el texto como una hipótesis. Un cambio de palabra se puede probar como cualquier otro cambio de producto.
  • Mirar el lenguaje cuando la adopción es baja. Antes de rediseñar una pantalla, vale la pena preguntar si las personas entienden el nombre de lo que están viendo.

Una palabra es el cambio más pequeño posible en un producto. A veces es el que más rinde.

Algunos detalles se omitieron por confidencialidad.